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La historia del falso Pantera, el preso de Devoto que fue meme

Habla Alejandro Fresenga, el preso del motín de Devoto, cuya foto se viralizó al compararlo con el personaje de «El Marginal».

 

Alejandro Iván Fresenga Umpierrez tiene 45 años y un físico que lo hizo meme. El viernes, el nacido y criado en La Paternal lució su cuerpo en el centro de la tormenta que se desató en la cárcel de Villa Devoto. Lo hizo con barbijo y un fierro preparado para la ocasión, desde el techo del penal y con un teléfono celular en su otra mano.

 

EL PANADERO. Alejandro, fanático de Argentinos Juniors y peronista, se crió en una panadería

 

«Papá laburaba en la cuadra, mamá en el mostrador. Vivíamos en piezas arriba, nos tocaban el timbre y bajábamos a trabajar», rememoró.

 

La panadería todavía existe en la esquina de Camarones y Nazca. Allí, a los 11 años, Alejandro era peón de limpieza. Sus papás trabajaban todo el día. Iba a la escuela pública con sus dos hermanas y disfrutaba de la terraza enorme de la panadería. También trabajaba en un puesto de diarios. «De ahí viene mi fuerza. De levantar bolsas de harina, de repartir diarios», explicó.

 

A los 12, probó por primera vez la marihuana. Paraba con sus amigos en los videos de Nazca y Agustín García. A los 14 conoció a la que sería la mujer de su vida. A los 16 se enteró que iba a ser papá. A los 17, se quedó sin trabajo. Corría el año 1993, Alejandro compró 25 gramos de marihuana y lo vendió entre amigos. Su destino comenzaba a vincularlo con un negocio de liquidez inmediata pero de alto riesgo. En 1994 la policía dijo basta.

 

«Ahí paré un poco. Vender droga fue la ayuda para llegar a fin de mes. Yo tenía trabajo legal. Hasta que en 2004 me revientan con 273 gramos de porro. Voy a juicio y me dan cuatro años», señaló.

 

Alejandro terminó el secundario en Devoto. Ahí conoció a otros hombres, más poderosos. Más contactos, mejor visión del mercado. Aunque salió, nunca dejó de ir a la cárcel de visita.

 

El 17 de abril de 2016, en su anterior estadía, también por venta de drogas, dejó de drogarse. Hoy su único vicio es entrenar.

 

En su cuenta de Instagram muestra los ejercicios que realiza para mantener su cuerpo. Flexiones de brazo con una mano, algunos jabs en la bolsa del gimnasio, levantamiento de pesas y hasta se cuelga de rejas y paredes para trabajar su espalda.

 

«100 % natural, jamás suplementos ni dietas elaboradas, ni proteínas y menos anabólicos. Entrenamiento en el gimnasio más austero que hay. Sólo esfuerzo, disciplina, constancia y buenos compañeros. Los límites están dentro de uno. Nadie regala nada», escribió en su posteo del 4 de febrero.

 

Alejandro no tiene predilección por ningún género musical aunque reconoce que escucha rock por su señora. Antes del motín, estudiaba derecho y sociología en el Centro Universitario de Devoto. Le gustan las novelas históricas y algunos textos de filosofía. Hasta el viernes a la noche, no tenía idea de que su físico había trascendido los muros.

 

«Yo no supe nada hasta la noche. Prendí el teléfono y vi el meme. Al principio me reí. Lo que pasó después es que me dí cuenta que estaban hablando más de eso que de nuestro reclamo», indicó.

 

Alejandro hubiese preferido otra fama. Sus hijos más grandes sintieron el cimbronazo mediático y fueron atacados por redes sociales. Ahora, le llueven mensajes de mujeres que le envían fotos. A él, le interesa aclarar que es hombre de una sola mujer. Y que si fuera inteligente estaría en la calle.

 

Respecto a su participación en el motín, es autocrítico aunque reconoce que volvería hacer lo mismo.

 

«Cuando te dejan sin alternativas, te empujan. Se estaban levantando todos los penales y el jueves el virus había entrado al módulo 2. Te repito, prefiero morir peleando que en una cama», concluyó.

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